Desinformación y bulos: cómo cala una mentira y cómo combatirla

Vivimos rodeados de información. Abrimos el móvil y en pocos minutos vemos titulares, vídeos, audios, capturas de pantalla, publicaciones en redes sociales y mensajes reenviados por WhatsApp. El problema aparece cuando confundimos que algo se repita mucho con que sea verdad.

No es una cuestión menor. La Comisión Europea señala que la manipulación informativa puede polarizar a la sociedad y erosionar la confianza en las instituciones, y el 79 % de la ciudadanía europea se muestra preocupada por la influencia de la desinformación sobre los votantes. (European Commission)

desarmar una mentira

Una mentira no necesita convencerte a la primera

Una de las claves de la desinformación es la repetición.

La investigación psicológica lleva años estudiando el llamado “efecto de verdad ilusoria”: cuando vemos varias veces una afirmación, tendemos a percibirla como más verdadera que otra información que encontramos por primera vez, aunque repetirla no aporte ninguna prueba nueva. Incluso una sola repetición puede aumentar su credibilidad percibida y favorecer que vuelva a compartirse. (PubMed Central (PMC))

Por eso una mentira puede empezar siendo simplemente una publicación.

Después aparece otra vez.

Y otra.

Hasta que nuestro cerebro deja de pensar “esto es cierto” y empieza por algo mucho más sencillo: “esto me suena”.

Ahí comienza el problema.

El miedo, el enfado y la indignación viajan más rápido

La desinformación tampoco suele presentarse de manera fría. Busca provocar una reacción.

Miedo. Indignación. Enfado. Sensación de amenaza.

Las investigaciones sobre redes sociales muestran además que las personas podemos llegar a sobreestimar el nivel de indignación colectiva que existe realmente al observar las conversaciones digitales. Eso puede hacernos creer que una posición es mucho más extendida o extrema de lo que realmente es. (Nature)

Así se crea una distorsión peligrosa:

viral no significa mayoritario.

Que miles de cuentas hablen de algo tampoco significa necesariamente que miles de personas distintas estén pensando lo mismo.

La propia Unión Europea advierte del uso de bots, redes coordinadas y técnicas de amplificación destinadas a aumentar artificialmente la visibilidad y credibilidad de determinados contenidos. (Consilium)

Y también ocurre en WhatsApp

La desinformación no vive únicamente en X, Facebook, Instagram o TikTok.

También entra en nuestros grupos de WhatsApp.

Y ahí existe un elemento especialmente poderoso: la confianza.

No recibimos el mensaje de una cuenta desconocida, sino de nuestro primo, una amiga, un compañero de trabajo o alguien del grupo del pueblo.

Las investigaciones del Reuters Institute han observado precisamente que las señales sociales influyen en cómo juzgamos la credibilidad de una información y que, en algunos casos, los contenidos enviados por familiares o amistades pueden resultar inicialmente más creíbles simplemente por quién los comparte. (reutersinstitute.politics.ox.ac.uk)

Ese audio que empieza con “me lo ha mandado alguien que trabaja allí”, esa captura sin enlace o ese mensaje que termina con “reenviadlo antes de que lo borren” deberían encender nuestras alarmas.

¿Qué podemos hacer?

No necesitamos convertirnos en periodistas ni especialistas en tecnología. Necesitamos recuperar algo mucho más sencillo: el pensamiento crítico.

Antes de compartir:

  • Para. Si algo te provoca inmediatamente miedo o indignación, espera unos segundos.

  • Busca la fuente original. Una captura de pantalla no es una fuente.

  • Mira la fecha. Muchas desinformaciones reutilizan noticias antiguas.

  • Comprueba el contexto. Un vídeo verdadero también puede utilizarse para contar una historia falsa.

  • Contrasta. Busca si medios fiables, organismos oficiales o verificadores independientes confirman la información.

La Comisión Europea sitúa precisamente la alfabetización digital y mediática entre las principales herramientas para aumentar nuestra capacidad de reconocer y responder a la manipulación informativa. (European Commission)

Defender la verdad también es defender la democracia

Para los y las socialistas, combatir la desinformación forma parte de la defensa de una democracia libre, informada y plural.

Y esto también nos interpela desde lo local.

En Tibi, como en cualquier municipio, una información falsa puede circular rápidamente por un grupo vecinal, convertirse en rumor y terminar condicionando una conversación pública antes incluso de que nadie compruebe si era cierta.

Por eso nuestra respuesta debe ser sencilla:

que te lo envíen muchas veces no significa que sea verdad.
Que se haga viral no significa que represente a la mayoría.
Y que te lo mande alguien de confianza tampoco convierte un mensaje en una fuente fiable.

Antes de reenviar, verifica.

Porque cuidar lo que compartimos también es una forma de cuidar nuestra convivencia y defender nuestra democracia.

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